10/1/17

Road Trip por el Eje Cafetero Colombiano (+Fotos)


El 2016 me dejó la navidad más bella que he tenido en mucho tiempo, sí es verdad que yo soy un poco grinch, pero es porque en los últimos años he pasado por unas situaciones difíciles que me ponen bastante nostálgica en esas fechas, sin embargo este último diciembre fue absolutamente memorable y hermoso para mí; y como soy una aficionada a los viajes quiero hacer esta entrada no solo para compartir esto con ustedes, sino para mí misma, para que me quede para el futuro esta crónica que quiero narrar hoy.

Empecé este mes viajando con mi papá, mi hermana y una amiga a dos pueblitos preciosos que tenemos en mi departamento, Guatapé y San Rafael. Guatapé es conocido por la famosa Piedra de Peñol con nosecuántos escalones para llegar a la cima, con una represa preciosa y un pueblo súper colorido, si alguna vez quieren visitar un lugar de Antioquia aparte de Medellín, que sea Guatapé, hay muchas actividades y mucha cultura.

  
Estas dos fotos no son mías, que conste. 

Luego, mi papá, mi hermana y yo, nos fuimos para Pereira, Risaralda; a visitar a mi tío y primos favoritos, pensamos que estaríamos allá pasando la navidad entera pero sin saber cómo, terminamos en un road trip donde recorrimos tres departamentos de El Eje Cafetero: Risaralda, Valle del Cauca y Quindío.

Y si bien yo soy muy desesperada para llegar a un lugar cuando hay un destino fijo y por lo tanto prefiero el avión, en esta ocasión fue diferente porque estábamos yendo a cualquier lugar y el viaje por carretera nos permitió apreciar paisajes preciosos que hay por la región.


 
El primero es el Lago Calima, es uno de los embalses más grandes de América y está en el munincipio de Darién.

En Roldanillo, Valle, fuimos al Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano, que es un tributo a Omar Rayo que es uno de los artistas más reconocidos de Colombia.

Las personas que les gusta el arte podrían disfrutar mucho este lugar, el hombre se caracterizaba por usar muy bien las sombras dando efectos geniales de profundidad en sus pinturas y esculturas. Y a parte del museo el pueblito es muy bello y agradable, con calles tranquilas y bonitas.

 
Museo Rayo de Dibujo y Grabado Latinoamericano.

En el mismo municipio pasamos nochebuena y navidad, y mientras los adultos sacaron excusas para quedarse en la casa (para poner todos los regalitos de navidad), mi hermana, mi primo, mi prima y su novio, fuimos a comer unas lasañas deliciosas y a la media noche llegamos al lugar donde estábamos quedándonos para abrir todos los regalos que estaban en la habitación. Este año recibí muchos detallitos, muchos accesorios bonitos, ropa y el trochote de libro de Los hermanos Karamazov de Fiódor Dostoievski, me intimida mucho porque cuenta con más de mil páginas pero es una historia que me atrae desde hace tiempos.

 
Ya sé, es gigante y es literatura rusa, siento que me va a explotar la cabeza cuando lo lea.

Luego de la navidad, empacamos maletas nuevamente y emprendimos camino hacia Buenaventura, pero nos desviamos antes de llegar y nos metimos a un pueblito llamado San Cipriano que queda en medio de una selva, entonces para llegar hay un transporte que parece un trencito y me sentí en medio de un programa de Animal Planet, hay muchísima vegetación y muchos animales, sentí mucho miedo porque nos advirtieron que por la zona había serpiente y monos, pero para mí fortuna (y desgracia, muy en el fondo), no nos encontramos ninguno.

 
Ella es Luna y fue la que más nadó y se gozó el road trip.

San Cipriano es un pueblito que se caracteriza por tener unos lagos y charcos preciosos, y sí, pura agua cristalina, fuentes mágnificas, completamente naturales, es hermoso lo que la madre tierra tiene para ofrecernos. Nadar en algo tan natural fue espectacular y relajante.

 
 
 Ah... está lleno de pecesitos.

Al terminar ahí nos fuimos para Buenaventura, que tiene mar, y yo amo el mar, es un placer para mí siempre que puedo ir al mar. Y veamos, Colombia tiene salida a dos océanos, el Atlántico y el Pacífico, yo conocía el Atlántico que es donde se encuentra todo el caribe pero no conocía el océano Pacífico y si bien esas playas no me parecieron tan bonitas como las del primero ya mencionado, el lugar cuenta con unos atardeceres con los que me degustaba.

 
Atardecer en Buenavenntura, Valle del Cauca.

Luego de conocer la ciudad de Buenaventura, viajamos en lancha a una isla llamada Pianguita que fue donde pasamos la noche, hicimos una fogata, con toda la familia jugamos Charadas, Teléfono Roto y hasta La lleva, al lado de la playa con el sonido del mar al lado. En la isla, mi papá -que al parecer está en toda la onda de moda- propuso que hiciéramos un mannequin challenge y quedó genial, porque hasta la perrita se quedó quieta

Y como no puedo ver un animal si hacerles todo un foto estudio, les dejó la foto de un cangrejo invasor, de una lagartija escabulléndose en una rama, de este gato precioso. Ah, y de nosotros en el mar.

 
 
(Ya casi termina esta entrada tan larga, lo prometo)

Después de esto pasamos otra vez de departamento, dejamos atrás Valle y llegamos a Quindío, y como ya conocíamos Armenia y su espectacular Parque del Café por otro paseo que hicimos años atrás, fuimos esta vez a un municipio hermoso llamado Salento, mi hermana y mi papá se tiraron por un canopi gigantesco, yo no lo hice porque soy gallina. Pero en fin, el municipio me gustó mucho porque tiene mucha cultura colombiana, muchos platos típicos de la región, muchas artesanías y por supuesto, al ser el eje cafetero, mucho café.

 
Salento, Quindío.

Finalmente visitamos La Palma de cera del Quindío en el Valle del Cocora, son unas palmas nativas y es uno de los destinos turísticos más bonitos en el eje cafetero colombiano. Hacía mucho frío, y la altitud respecto al nivel del mar es muy alta por lo que hubo un momento en que empezó a ser difícil respirar (no me pasaba desde que subí al Monserrate en Bogotá), pero hacen un café delicioso y la vista es muy bonita.

 
Valle del Cocora, Quindío

Y finalmente, volvimos a Pereira, donde celebramos en la casa de mi tío el Año Nuevo, la celebración fue muy bonita, hicimos una cena familiar bastante chévere, hicimos unos retos con propósitos para el 2017 y fue un día muy lindo y por el que me siento completamente feliz en este momento.

 
Dándole el feliz año a Lunis.

Y como ya hay que ir volviendo a la rutina, el primero de enero volvimos a Medellín. por supuesto con mucha tristeza de separarme otra vez de mi prima, y tener que esperar hasta abril que ellos vienen, pero también feliz a descansar luego de tanto viaje.

Y hasta aquí llega la entrada de hoy, ya sé que es muy larga, pero como mencioné al comienzo, este es un post más para mí, porque quiero ir acumulando estos recuerdos de momentos de mi vida para entrar a mi blog dentro de cincuenta años y poder rememorar todas estas cosas bonitas. Voy a estar subiendo muchas foticos de este road trip a mi instagram personal, y dejaré también el enlace a la entrada que hice en octubre de mi viaje a Cancún, México. 


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